La manipulación del niño superdotado.

En distintos medios se ha publicado el caso de la niña británica Heidi Hankins, de cuatro años y con un C.I. de 159. Coincido bastante con las apreciaciones de la psicóloga, Cecilia Lotero, que toman como referencia sin comprender que están redactando lo opuesto a lo que esta indica, demostrando el enorme desconocimiento existente en cuanto a la alta capacidad se refiere. Resulta penoso leer distintos artículos plagados de contradicciones. Es más, en muchos de ellos es casi una constante la afirmación sobre un solo punto de diferencia con quien, según algunos, es el cerebro más importante que ha existido, Albert Einstein, al que le atribuyen un 160. Además, todos los medios hacen referencia a su entrada en la asociación Mensa.

Cabria plantearse distintas puntualizaciones al respecto, que no minoran lo que parece obvio por la trayectoria de la niña, pero sí discrepan de una profunda manera con lo que he leído al respecto.

En primer lugar, como aparece en el Diario de Navarra, hay muchas formas de medir la inteligencia y por lo tanto unas son mucho más fiables que otras. Nosotros, la Asociación Inteligencia y Vida, optamos por la escala Wechsler, considerada de referencia para las restantes. Pero en ninguna parte aparece la forma de medición de la niña y, mucho menos, en qué se basa la puntuación otorgada a Einstein. La diferencia de resultados entre unas y otras puede ser mínima o alta y se incrementa según asciende la puntuación. Se entiende como superdotados intelectualmente a quienes igualan o sobrepasan el nivel 130 habida cuenta que en la citada escala supone un percentil 98, o en otras palabras, de cada 100 personas hay dos de estas características. Pero en otro tipo de baterías el número obtenido tiene que ser incrementado para cubrir ese percentil, así es normal que una batería arroje un 140 con el mismo 98 de cada 100 que la mencionada, por lo que una cifra no es significativa.

En segundo lugar, siempre he sentido curiosidad en la medición de personas fallecidas con anterioridad a que los test, de por sí no fiables completamente, estuviesen lo suficientemente avanzados como para dar una cifra aproximada. Por lo tanto, alguien fallecido en la década de los 50, entiendo que resulta de una gran subjetividad valorarle en un nivel concreto.

En tercer lugar, me resulta una exposición circense el sacar a la luz, a bombo y platillo, la capacidad de una niña de cuatro años. Esto es justamente lo contrario de lo que sería sensato hacer, se deben potenciar todas las capacidades en cualquier inteligencia dentro de la vida familiar y, posteriormente, en la escuela. Marcar a cualquier niño exponiéndole de forma pública, no es más que condenarle, con toda probabilidad, a un deterioro emocional que puede resultar muy difícil de corregir en la edad adulta. Esa niña, sea cual sea su “numerito” que supuestamente la hace especial, está en un proceso de evolución delicado, y si cualquier especialista en alta capacidad no utilizaría ni siquiera el prefijo “súper” para referirse a ella, habida cuenta de las connotaciones, en este caso los padres lo han hecho “tan bien” que se lo han otorgado y además lo han escrito con letra grande en los titulares de la prensa.

Y en cuarto lugar, ¿qué decir de una asociación que permitió la entrada de un niño, Oscar Wrigley, con dos años y ahora de una niña, Heidi Hankins, con cuatro? Personalmente, con varios años de asociado en la misma, lo considero un montaje publicitario sin más. Y ateniéndome a lo que se publica, el presidente de Mensa en Inglaterra afirma temas que sólo él, u otras personas iletradas en altas capacidades, pueden decir, como que tienen “una relación de cierto rechazo hacia otros niños”. Obviamente es probable que suceda en el caso de Heidi, pero no necesariamente por su capacidad, sino por la exposición que se ha realizado confiriéndole un estatus de encontrarse por encima de esos otros niños. Las opiniones de Freire, con quien sólo me une el apellido y ningún vínculo, publicadas en el Diario de Navarra, omito comentarlas, creo que no vale la pena, y tampoco soy imparcial debido al hastío con que abandoné esa asociación.

José Luis Freire

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Acerca de asociacioninteligenciayvida

Ayuda e información a personas de cualquier edad con alta capacidad intelectual, sin olvidar el resto de las inteligencias, las múltiples de que se compone el intelecto humano y especialmente la emocional.

Publicado el abril 23, 2012 en Casos reales, Noticias y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Alberto Messeguer

    Fantástico comentario. Tengo un hijo de 9 años “diagnosticado” con ALTAS CAPACIDADES. Después de leer artículos, libros, foros, pedir ayuda a los profesionales, instituciones…estoy más perdida que nunca. Hemos llegado a un punto en casa que hoy por hoy solo estamos con un psicólogo que le ayuda a exteriorizar sus sentimientos, a que exprese lo que piensa y a que sí le de importancia a lo que hace o dice su entorno, que no le entiende y hace que se encierre en sí mismo. Hemos dejado la sabiduría a un lado porque era imposible recibir ayuda y apoyo del profesorado tanto intelectualmente como ayuda a relacionarse con los niños de su edad. Ya nos da igual que juegue con niños más pequeños que no le cuestionan su forma de hablar(tiene un vocabulario muy rico). Los de su edad lo ven “raro” y los mayores como un mocoso. Tengo un niño maravilloso que no ha dejado de luchar internamente con él mismo desde que nació. Se como hacerle reir, se cuando va a llorar, como torear sus enfados. Pero siento una agustia terrible porque no se donde está el límite, si lo hay, de su mente, donde está en este momento, cómo puedo ayudarle realmente a evolucionar, es ese aspecto mi hijo es un desconocido. Solo pido COMPRENSION, si no se le puede ayudar de forma curricular al menos que se esfuercen en la integración de estos niños. No son raros son NIÑOS.

  2. Entendemos lo que puede sentir, no es difícil desde “dentro” pero por desgracia vivimos en una sociedad que no tiene la menor idea. Una persona con un déficit, se comprenda o no, provoca una reacción y cuenta con la solidaridad del entorno. Por supuesto debe de ser así, pero también es el caso del superávit, porque todo lo que se salga de la norma es problemático, pero al parecer no se ve o no se quiere ver.

    Si es un problema en cualquier edad, es claro que en los niños se multiplica, y en realidad pedir ayuda a los “profesionales” es muy complicado, no se encuentran porque casi no existen.

    Si le parece bien intentarlo una vez mas y sin ningún compromiso de nada, no hace falta estar invitada para contactar con nosotros y hablarlo fuera de un blog. Hay muchas facetas de lo que indica que vale la pena comentar, pero obviamente este no es el sitio adecuado.

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