Inteligencias múltiples

Durante los años anteriores al siglo pasado y buena parte de éste, se ha considerado a la inteligencia como un todo monolítico. En este único bloque se podían apreciar diferentes habilidades, pocas, que eran más o menos comunes a todos los individuos con un irregular desarrollo. Cuando en 1899, ante el alto porcentaje de fracaso escolar que se daba en Francia, se encargo a Alfred Binet un estudio de las causas, éste desarrolló una serie de pruebas en las que se medía básicamente aunque no de forma única tres aspectos de la inteligencia: comprensión, capacidad verbal y razonamiento matemático. Sus estudios dieron lugar a la división entre la edad cronológica y la mental, siendo apoyado por personas de renombre, como Simon, con quien realizó los primeros test, o Piaget. Fue años después cuando Stanford buscó la introducción de estas pruebas en Estados Unidos dando lugar al célebre test de Stanford-Binet, hoy desactualizado. En la década de los 80 se encargó a un grupo de investigadores de Harvard un estudio del potencial humano, y sobre ello se publicó en el 1983 el libro “Frames of Mind. Dentro de este grupo se encontraba Howard Gardner quien indica que desde la publicación del anterior, su empeño fue el de las “implicaciones educativas de la teoría de las múltiples inteligencias”, cómo reforzarlas, evaluarlas, etc.

La teoría de las Inteligencias Múltiples (IM)

Una de las primeras cuestiones que, lógicamente, debió de plantearse fue qué es la inteligencia, y aquí es donde se produce la primera ruptura con el concepto tradicional, Gardner enfoca el problema en el siguiente sentido: “Una inteligencia implica la habilidad necesaria para resolver problemas o para elaborar productos que son de importancia en un contexto cultural o en una comunidad determinada”. Y en concreto, sobre la teoría que plantea “La teoría de las IM se organiza a la luz de los orígenes biológicos de cada capacidad para resolver problemas. Sólo se tratan las capacidades que son universales a la especie humana. Aún así, la tendencia biológica […] tiene que asociarse también al entorno cultural. […] ¿Cómo se identifica realmente una inteligencia? Para la composición de nuestra lista, consultamos evidencias procedentes de varias fuentes distintas: conocimiento acerca del desarrollo normal y del desarrollo en individuos superdotados; información acerca del deterioro de las capacidades cognitivas bajo condiciones de lesión cerebral; estudios de poblaciones excepcionales, incluyendo niños prodigio, sabios idiotas y niños autistas; datos acerca de la evolución de la cognición a través de las culturas; estudios psicométricos, incluyendo análisis de correlaciones entre los test; y estudios psicológicos de aprendizaje, en particular medidas de transferencias y generalización entre tareas.

Únicamente las inteligencias candidatas, que satisfacían todos, o la mayoría de los criterios, se seleccionaban como inteligencias genuinas.” Una vez satisfechas las premisas mencionadas, Gardner distingue en el individuo siete inteligencias, a la que bastantes años después se sumará otra de la que hablaremos más adelante. Sintetizaremos su explicación de las mismas, lógicamente bajo su punto de vista exclusivo.

Inteligencia musical. Aunque no tiene una localización clara en el cerebro, se puede decir que generalmente se ubica en distintas áreas del hemisferio derecho. Las lesiones cerebrales la alteran de unas formas muy diversas, pero no obstante existe la pérdida de habilidad musical. Además, su presencia en el hombre puede llevarnos hasta el Paleolítico y aparece en todas las culturas, siendo una facultad universal.

Inteligencia cinético-corporal. El control de nuestro movimiento se localiza en la corteza motora, y cada hemisferio se especializa en la movilidad del lado opuesto. Los distintos tipos de apraxia, o dificultad de la realización de movimientos aún cuando el cerebro ejecute la orden de realizarlos, es un factor justificativo de la incorporación de esta inteligencia. Además de toda la habilidad que puede requerir el cuerpo para realizar determinados ejercicios, como pueden ser las danzas o deportes.

Inteligencia lógico-matemática. Indica Gardner que es frecuente la utilización del término “pensamiento científico”. En el caso de altas capacidades la resolución de problemas puede ser mucho más rápido.

Esta inteligencia puede producirse en un terreno distinto del consciente, pudiendo constatar el individuo un resultado sin saber de qué forma ha llegado a él. Por lo que en tiempos de Gardner y según indica no se comprende el proceso por el que se alcanza un resultado lógico-matemático. También él acuña aquí un término que han adoptado otros investigadores, el de “sabios idiotas”, incluyendo en este contexto a quien posee una capacidad increíble para el cálculo pero con deficiencia en muchas otras áreas.

Inteligencia lingüística. El “area de Brocca” en el cerebro es el responsable de la construcción de las frases, pudiendo, tras una lesión en la misma, comprender el significado de lo que se dice pero no se tiene la capacidad de elaborar oraciones gramaticales. También la universalidad del lenguaje indica que es una inteligencia, incluyendo el lenguaje de signos u otros.

Inteligencia espacial. La resolución de los problemas espaciales es aplicable a la comprensión de mapas, o visión desde distintas perspectivas e incluso el posicionamiento de las piezas en el ajedrez. El cálculo espacial se aloja principalmente en el hemisferio derecho y su parte posterior, una lesión en esa zona puede producir la falta de orientación. Según Gardner “existen pocos niños prodigio entre los artistas visuales, pero existen “sabios idiotas”, haciendo referencia a una niña autista.

Inteligencia interpersonal. “La inteligencia interpersonal se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en su estado de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones.” Relaciones sofisticadas de esta inteligencia pueden encontrarse en la relación de líderes religiosos o políticos con relación al público en general, como en otras actividades, y es ajena al lenguaje que se utilice. Gardner considera a los lóbulos frontales como responsables de ésta inteligencia, indicando que cualquier daño en la misma puede implicar sustanciales modificaciones en la personalidad. Como demostración indica que el Alzheimer, que influye en las áreas posteriores del cerebro, altera distintas inteligencias pero la personalidad continúa siendo la misma, mientras que la enfermedad de Pick, en zonas más frontales, implica una rápida pérdida en las relaciones sociales. Un ejemplo de la antigüedad e importancia de esta inteligencia se puede ubicar en la prehistoria, donde actividades como la caza requerían de una colaboración y cohesión, además de una capacidad de liderazgo, organización y solidaridad.

Inteligencia intrapersonal. Como indica en su libro es la causante de “el acceso a la propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones y finalmente ponerlas un nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta.” Es una inteligencia interna para cuya observación se precisan otras que puedan servir de vínculo de comunicación. Los lóbulos centrales son los encargados de esta inteligencia. Al ser dañados en la parte inferior pueden producir irritabilidad o euforia, mientras que si lo son en la parte superior tenderá hacia la apatía, indiferencia y depresión. El autismo es un ejemplo de la inteligencia intrapersonal dañada. Gardner interpreta que el impulso instintito es relevante de éste área desde la aparición del hombre.

Estas fueron las siete inteligencias básicas que desarrolló en un principio y que se publicaron en Inteligencias Múltiples, posteriormente Gardner incluyó una nueva inteligencia a la que denominó inteligencia naturalista como la capacidad de observación de los fenómenos de la naturaleza, comprender y convivir con los sistemas naturales, etc. Varios escritores la han llamado “inteligencia ecológica”.

Inteligencia emocional

Aunque no fue el primero en estudiar esta materia, Daniel Goleman ha sido quien la ha impulsado con mayor dinamismo. De hecho en los países más avanzados en temas de inteligencias, la denominada SEL (Social and Emotional Learning) o “aprendizaje social y emocional” se estudia en muchos colegios como una asignatura más. Está claro que no es el caso de España.

Pero se mezclan dos conceptos que tienen una evidente relación, aunque no se trata de lo mismo. Las inteligencias sociales y emocionales son distintas. Vamos a tratar en este apartado la segunda.

En ésta podemos realizar el mismo enfoque en que se basa Gardner. Se conoce su universalidad, las áreas especializadas del cerebro y la repercusión ante lesiones, así como la existencia de la misma desde el origen del hombre o incluso de otras especies.

Bajo el título “el desarrollo del cerebro” Goleman explica su proceso neurológico. Nos basamos aproximadamente en la descripción suya. El “tallo encefálico” es común a todas las especies, incluyendo a anfibios y reptiles que carecen de estructuras nerviosas superiores, por lo tanto es la parte más antigua del cerebro. Se encarga de las nociones básicas para la supervivencia así como los actos en los que no interviene el razonamiento, como puede ser la respiración.

La zona más primitiva emocionalmente hablando, se encuentra en el lóbulo olfatorio. Es a través de este sentido como nuestros ancestros han encontrado comida, detectado peligros o relaciones sexuales. A día de hoy ocurre lo opuesto, posiblemente será el sentido menos utilizado por la raza humana y, con todo, sigue influyendo en el comportamiento sexual, utilizando éste como la función de mayor importancia que realiza, pues de forma en mayor menor medida consciente es capaz de provocar reacción ante la segregación de hormonas en ambos sexos.

Se ha gastado mucha tinta en los últimos años por describir las distintas facetas que pueden entrar a formar parte de las emociones, tanto primarias como la ira, el miedo, etc., como otras más elaboradas como pueden ser los celos en los que se mezclan varias de las anteriores. Pero lo importante no parece ser un listado de componentes emocionales sino de cómo se enfrenta el hombre a las mismas. Una riqueza emocional pobre o deficitaria se correspondería con una supeditación del individuo a las mismas, mientras que cuanto mayor sea el nivel de consciencia que se posea en relación con lo que afecta emocionalmente a la persona, el grado de inteligencia asciende y la posibilidad de controlar aquellas que pueden ser “tóxicas” para nuestra salud mental es mayor. De la misma forma ocurre con las carencias, quien guste de leer a Nietzsche será consciente que su súper hombre tiene un problema bastante serio habida cuenta de que está prácticamente despojado de cualquier tipo de emoción.

Los test de inteligencia al uso no prestan atención a esta forma de inteligencia, aún cuando las disincronías –desajustes de unas inteligencias con relación a otras- van casi siempre ligadas a las emociones. En parte es un proceso humano lógico pero también lo es cultural. Estamos dominados por una sociedad puramente materialista donde los aspectos emotivos han perdido fuerza, cuando son en realidad la esencia de nuestra vida. Nuestra propia existencia está vinculada a las relaciones entre dos personas y las emociones que se generan y, no obstante, el estudio o la preocupación por las mismas es francamente escaso, sobre todo si lo apreciamos desde un enfoque en el cual las personas con alta capacidad parece que sólo se distinguen por los aspectos puramente intelectivos, de hecho se habla de dotación o superdotación intelectual, nada más. Por ello ese desajuste en la evolución de aquellas con relación a estas es una simple montaña de problemas, dando lugar a personas con una edad mental alta comparada con la cronológica y una emocional, o bien relacionada con la fecha de nacimiento, o bien aún más deteriorada, por suplantar unas inteligencias la importancia que deberían tener las otras.

Otras inteligencias.

Con el auge de todo lo referido a las inteligencias, los menos escrupulosos buscan “sacar tajada” del boom. Ocurre con profesionales que se anuncian expertos en altas capacidades que sería la parte más llamativa y lucrativa dejando a un lado el déficit intelectivo. Pero también hay quien busca más allá de lo que es real. Una inteligencia, para serlo, requiere superar una serie de planteamientos serios y no puede estar sujeta a la arbitrariedad. En este aspecto cabría preguntarse si las habilidades de colectivos concretos pueden considerarse inteligencias, como ejemplo servirían aquellos que por su hábitat especial, por su cometido diario que les pueda proporcionar una forma de vida específica, etc. De responder de manera afirmativa parece lógico que tanto la inteligencia naturalista como después la que publicó Goleman como ecológica podrían considerarse como tal pero en un núcleo concreto de la población. Entiendo que es imposible la estandarización por mucho que para conseguirla se utilicen argumentos que socialmente son deseables, pero a cualquier otro nivel poco aceptables. Los escritos que se pueden referir a ellas son, normalmente, un aplauso a una forma de vida y muy especialmente a una mentalización, pero eso no es inteligencia, lo podría ser para aquellos sujetos que directamente su vida está relacionada con la naturaleza, pero raramente para quienes habitan en núcleos urbanos alejados de una gran cantidad de factores, que podrán tener una mentalidad de consumo y de respeto al medio ambiente, pero poco más se puede pedir.

También en esta última década apareció la “inteligencia intuitiva” de la mano de Malcolm Gladwell que, de alguna manera, es la otra cara de la moneda de las anteriores, el éxito en el trabajo al seguir impulsos que potencialmente lleven a él, como el mismo en otros múltiples aspectos de la vida, parecen más cercanos a una velocidad especial de proceso junto con el valor de llevarlos adelante, antes que a una inteligencia concreta. Pero la frase sonora de “por qué sabemos la verdad en dos segundos” ha hecho de su libro un superventas.

Sobre la energía

Entiendo que esta última habilidad mencionada podría perfectamente vincularse tanto a una alta capacidad, de la que existen autores que ponen especial énfasis en la velocidad del razonamiento, como en lo que personalmente denomino inteligencia energética y por la que, coloquialmente, solemos utilizar términos como “buenas o malas vibraciones” para relacionarnos con terceras personas.

Es evidente que cuando Gardner habla de la inteligencia cinético-corporal se está refiriendo al movimiento de los humanos, pero en física todo cuerpo en movimiento produce una energía que es la cinética. Y si consideramos que el universo al completo nunca se detiene, parece obvio que exista una energía, procedente de cada cuerpo, que por definición no se destruye. De hecho, a través de la segunda ley de Newton, se cuantifica la energía que genera una partícula en un instante determinado.

Cuando un concepto tan extendido como la acupuntura, de origen milenario e introducido en occidente no hace tantos años, es aceptado como remedio válido ante distintas dolencias, no se piensa que la base del sistema se encuentra en los hemisferios cerebrales, sobre cuyo funcionamiento investigó Roger W. Sperry, galardonado con el premio Nobel, y más concretamente en el equilibrio entre ellos como consecuencia de los meridianos de energía.

Existen muchas preguntas sin respuesta relacionadas con el manejo de la energía. Y aunque otras están socialmente más o menos aceptadas, como puede ser el Reiki, que cada vez cuenta con más adeptos y su función es el uso de ella para sanar, lo cierto es que para cualquier persona introducida en su estudio resulta un tabú mencionar el abrir canales energéticos en la persona, las teorías de los chacras, la curación por imposición de manos, etc. Podremos ser más o menos crédulos pero me parece indiscutible que la energía existe en el cuerpo humano y que por lo tanto se puede manipular.

Como todo lo que no ha sido sometido a un riguroso estudio científico, existen publicaciones de mucho éxito en las que se entremezcla la lógica con el misticismo, y sin ser amigo de ningún tipo de determinismo, ni siquiera el científico, sí creo en separar el “grano de la paja”. Estamos inmersos en un universo plagado de energía por su propia esencia, somos generadores de ella, nuestros estímulos corporales son eléctricos, nuestro cerebro funciona por señales de éste tipo cuando es nuestro órgano vital. El aprendizaje sobre el comportamiento y tratamiento de la energía supone un reto en su estudio, en la sensibilidad para sentirla, en la capacidad de utilizarla, y como cualquier otra inteligencia, son cualidades con las que hay que nacer y desarrollar con la experiencia y el trabajo.

José Luis Freire

Bibliografía.
Inteligencias múltiples – Howard Gardner
Inteligencia emocional – Daniel Goleman
Inteligencia intuitiva – Malcolm Gladwell

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Acerca de asociacioninteligenciayvida

Ayuda e información a personas de cualquier edad con alta capacidad intelectual, sin olvidar el resto de las inteligencias, las múltiples de que se compone el intelecto humano y especialmente la emocional.

Publicado el mayo 28, 2012 en Inteligencia Emocional, Inteligencias múltiples y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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