El envejecimiento mental.

Momento de inicio del deterioro cognitivo:

El continuo aumento de la esperanza de vida implica cambios fundamentales en la estructura de la población y un aumento exponencial en el número de personas ancianas.

Estos cambios tienden a tener una profunda influencia en la vida de los individuos y la sociedad en general. La perdida de estado cognitivo es quizá la condición más incapacitante en la vejez. Existe una proporción inversa entre la edad y el rendimiento cognitivo, pero la edad media en que el deterioro cognitivo se hace evidente sigue siendo objeto de debate.

Tras un reciente estudio se llegó a la conclusión de que había poca evidencia de declive cognitivo antes de la edad de 60. Este punto de vista, sin embargo, no es universalmente aceptado.

Estudios clínicopatológicos muestran una buena correlación entre la neuropatología y la gravedad o seriedad del deterioro cognitivo, y ovillos neurofibrilares y placas amiloides, las características de la patología, se sabe que están presentes en los cerebros de personas de mediana edad.

En el largo período de gestación de la demencia también sugiere que los adultos menores de 60 años son propensos a experimentar declive cognitivo relacionado con la edad.

La evaluación del efecto de la edad sobre el deterioro cognitivo no es sencilla ya que los datos obtenidos durante las últimas décadas son muy escasos.

La edad en que comienza el deterioro cognitivo es importante ya que las intervenciones conductuales o farmacológicas destinadas a modificar las trayectorias de envejecimiento cognitivo tienen más probabilidades de funcionar si se aplican cuando las personas empiezan a experimentar el declive.

Hemos examinado si el declive cognitivo comienza antes de los 60 años con una amplia muestra de adultos de mediana edad dentro del estudio Whitehall II.

MÉTODO

Estudio de la población

El estudio Whitehall II fue establecido en 1985 entre 10.308 funcionarios ingleses, de los cuales un 67% de ellos eran varones. Fueron invitados por carta a participar en el estudio funcionarios tenían de edad comprendida entre 35-55 años, los cuales trabajaban en 20 departamentos diferentes con sede en Londres. De los cuales, el 73% estuvieron de acuerdo en colaborar.

Aunque todos los participantes en el estudio eran administrativos, una amplio número tiene un salario superior en 10 veces entre la parte superior e inferior de la jerarquía.

El inicio del estudio (fase 1) fue en el 1985, duró 8 años y consistía en un examen clínico y un cuestionario auto-administrado. Las fases posteriores se realizan mediante un cuestionario único acompañado de un examen clínico.

La exploración clínica buscaba factores de riesgo cardiovascular o metabólico y enfermedades. Las pruebas cognitivas se introdujeron junto al examen clínico en la fase 5 (1997-9) y se repitió en las fases 7 (2002-4) y 9 (2007-9), junto con el estándar de medidas de detección Whitehall II de desarrollo clínico.

EDAD

Al principio del estudio (en la fase 5 de Whitehall II) los participantes tenían entre 45 a 70 años. Para permitir la comparación del deterioro cognitivo en función de la edad se clasificaron en cinco grupos: 45-49, 50-54, 55-59, 60-64 y 65-70.

LA FUNCION COGNITIVA

La batería de pruebas cognitivas, formada por tres exámenes clínicos de una duración de más de 10 años (fases 5, 7 y 9), fue elegida para proporcionar una evaluación completa de la función cognitiva y es más exacta ya que estaba compuesta por individuos más jóvenes que en la mayoría de los estudios sobre el envejecimiento cognitivo . El mini examen del estado mental, aunque estaba incluido en la batería de pruebas, no se considera en el análisis actual debido a los efectos de techo (es decir, pruebas sencillas que lleva a una escasa variabilidad en las puntuaciones). Las pruebas incluidas en el análisis, dieron unos resultados de un rango de 0,60-0,89, en 556 participantes que fueron invitados a la clínica dentro de los tres meses de haber efectuado la prueba al inicio del estudio.

El Alice Heim 4-I (AH4-I) se compone de una serie de 65 elementos de razonamiento verbal y matemático de dificultad creciente. Pone a prueba el razonamiento inductivo.

Los participantes tenían 10 minutos para hacer esta sección. La memoria verbal a corto plazo fue evaluada con una prueba en la que debían recordar 20, de una o dos sílabas en intervalos de dos segundos, y posteriormente se les presentó una lista de 20, una o dos palabras de una sílaba en intervalos de dos segundos y luego se les pidió escribirlas en el orden que pudieran recordar con un tiempo de dos minutos.

Se utilizaron dos medidas de fluidez verbal: fonológica y semántica. A los participantes se les pidió poner por escrito todas las palabras que comienzan con “S” (fluidez fonética) y los nombres de todos los animales que pudieran (fluidez semántica). Cada test duraba un minuto. El rango observado en estas pruebas fue 0-35. El vocabulario se evaluó con el test de vocabulario Mill Hill, utilizado en su formato de opción múltiple, que consiste en una lista de 33 palabras ordenadas por dificultad creciente y seis opciones de respuesta.

EDUCACION

Se media en tres niveles: no terminaron la escuela secundaria, obtuvieron una calificación alta en la escuela secundaria, y obtuvo título universitario o superior.

RESULTADOS

De los 10.308 participantes al inicio del estudio (1985-1988), 306 habían muerto y 752 se habían retirado del estudio antes del inicio de la recogida de datos cognitivos en 1997-1999.

Nuestro análisis se basó en 7.390 (5.198 hombres y mujeres 2.192) de las 9.250 personas que siguen en el estudio. Los incluidos en el análisis tenían más estudios (29,5% contra 20,8% tenía un título universitario, P <0,001) y eran más jóvenes (las tasas de respuesta fueron del 84% (1526/1818) en las personas de 45 a 49, el 82% (2160/2643 ) de 50-54 años, el 79% (1580/1992) en los de 55-59 años, el 79% (1564/1976) de 60-64 años, y el 68% (560/821) en las personas de 65-70 ).

De los 7.390 individuos incluidos en el análisis, se tenían datos completos para 4.675 (63%) en las tres fases, de 1.613 en dos fases, y 1.102 en una sola fase.

Durante los 10 años de seguimiento, 305/7390 (4%) fallecieron. La mortalidad durante este período fue mayor en aquellos con peores puntuaciones cognitivas al inicio del estudio (P <0,01 en todas las pruebas).

La exclusión de estas personas a partir del análisis no modificó los resultados demasiado, por lo que se tuvieron en cuenta en el estudio.

Se observó una relación directa entre la edad al inicio del estudio, clasificados en cinco grupos de edad de cinco años que abarca desde 45 hasta 70 años, y todas las puntuaciones cognitivas (todos P<0,001), excepto en la prueba de vocabulario de los hombres (P = 0,13).

DISCUSIÓN

El estudio con una relación de personas de 45-70 años, con tres evaluaciones cognitivas de más de 10 años, presenta dos conclusiones principales:

En primer lugar, el rendimiento promedio en lo referente al ámbito cognitivo, a excepción del vocabulario, se ve disminuido en todas las edades, incluso en aquellos que tenían de 45-49 años. Los resultados para el vocabulario fueron como se esperaba, ya que se sabe que está poco influenciado por la edad.

En segundo lugar, analizando los efectos de la edad de forma longitudinal y transversal, sugiere que los datos transversales no pueden proporcionar estimaciones fiables del declive cognitivo en relación con la edad, ya que factores como la diferente educación recibida por los candidatos es clave en los resultados recogidos.

En nuestro estudio, los datos transversales muestran un exagerado deterioro cognitivo por parte de las mujeres y no de los hombres. Lo que es producido probablemente como consecuencia directa de la diferencia educacional entre ambos.

En nuestro estudio la falta de respuesta fue más alta en las personas mayores, afectando tanto a las estimaciones transversales como a las longitudinales. Pero realmente no fue una cantidad sustancial de personas ya que la tasa de respuesta global fue del 80%.

La ventaja obvia de utilizar el análisis longitudinal es que las estimaciones de deterioro cognitivo se basan en los cambios dentro de un mismo individuo, y no es probable que se vean afectados por errores derivados de la variación natural entre los individuos. También debe tenerse en cuenta que Whitehall II no representa la población en general.

Los participantes son en su mayoría trabajadores en empleos relativamente estables y dos terceras partes son hombres, lo que implica que nuestros resultados podrían subestimar el deterioro cognitivo en la población. Las diferencias específicas educativas dependiendo del sexo están representadas en nuestro estudio, reflejando también las tendencias globales en las oportunidades educativas en todo el siglo 20.

La edad en que comienza el deterioro cognitivo es objeto de mucho debate.

Una reciente revisión de estudios llegó a la conclusión de que no hay deterioro cognitivo antes de los 60 años.
Esta conclusión fue elaborada principalmente a partir de los resultados del estudio longitudinal de Seattle, en el que 500 personas con un rango de edad de entre 20 a 60 años se han seguido desde 1956 con la incorporación de nuevos participantes en las sucesivas oleadas de recogida de datos. En otro estudio, 149 individuos de 30 a 81 años fueron seguidos durante 16 años, y los resultados mostraron un declive cognitivo poco antes de la edad de 55 años.

Uno de los problemas en los estudios a pequeña escala para la investigación del “envejecimiento cognitivo” es que está basado en una muestra seleccionada de los individuos. Las estimaciones del deterioro cognitivo se sabe que varía dependiendo de la edad, el nivel de habilidad, y la complejidad de la tarea.

The rates of decline in cognitive test scores we estimated might understate the actual rate of decline because practice effects can offset age related declines. Our finding of declines in even the youngest age group (age 45-49) is all the more compelling because it is presumably a lower bound estimate

Dada la complejidad de evaluar el deterioro cognitivo, algunos autores apoyan el uso de datos transversales para estimar los efectos del envejecimiento sobre la función cognitiva.

Estas estimaciones, sin embargo, reflejan tanto los efectos del envejecimiento cronológico como otros efectos, cada uno producido por distintos mecanismos subyacentes. Los efectos de la edad son causados por cambios que la gente sufre a medida que envejecen y reflejan el envejecimiento biológico. También depende de las variaciones que se producen desde el nacimiento hasta la vida adulta, con efectos a largo plazo sobre la función cognitiva debido a experiencias de la infancia como la calidad de la educación, la nutrición y el contexto socioeconómico, etc.

CONSECUENCIAS Y CONCLUSIONES

Ahora se piensa que problemas como la demencia es el resultado de procesos de largo plazo, al menos 20-30 años, lo que lleva a algunos autores a defender la importancia de abordarlo durante la vida.

A pesar de mucha investigación sobre el diagnóstico precoz, los estudios fisiopatológicos y clínicos no han identificado biomarcadores o perfiles cognitivos que indiquen con exactitud la demencia.

Sin embargo, hay pruebas suficientes para demostrar que el estilo de vida saludables y factores de riesgo cardiovascular influyen en que adultos tengan demencia.

Algunos factores de riesgo, como obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia son más importantes a mediana edad que en edades más avanzadas.

Existe una creencia generalizada de que “lo que es bueno para el corazón también es bueno para la cabeza”, pensando que el control lo más temprano posible de factores de riesgo conductuales y cardiovasculares son objetivos clave para la salud pública.

Nuestros resultados son importantes para el diseño de estudios e investigaciones sobre el envejecimiento.

Muchas investigaciones en este área, incluida la relativa a la demencia, evalúa tanto los factores de riesgo hereditario y las trayectorias de deterioro cognitivo en personas mayores.

Mientras que esto permite identificar a un número suficiente de personas con demencia con un seguimiento de menos de 10 años, el hecho es que en estos estudios hay muy poco deterioro cognitivo hasta una edad avanzada o que el descenso en personas menores de 60 años no es clínicamente importante.

También se cree posible a consecuencia de estudios en personas mayores que algunos de lo que se consideraban factores de riesgo son quizá simplemente síntomas de la enfermedad en lugar de la causa.

La esperanza de vida sigue aumentando, y la comprensión cognitiva del envejecimiento será uno de los retos de este siglo.

Examinar el impacto de la edad en el deterioro cognitivo podría hacernos comprender mejor a identificar cuales son los factores de riesgo tempranamente.

Las investigaciones futuras debe identificar los factores determinantes del deterioro cognitivo y evaluar el grado en que las trayectorias cognitivas de los individuos son modificables.

Hemos examinado el deterioro medio en cada grupo de edad, pero los individuos que experimenten el mayor deterioro respecto a la media de su grupo de edad, sobre todo en edades más jóvenes, podrían merecer una mayor atención.

Estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ).

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Publicado el junio 2, 2012 en Mayores y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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